Mientras en muchas industrias la conversación está en cómo llevar a más mujeres a puestos de liderazgo, en minería todavía estamos discutiendo cómo lograr que entren.
La buena noticia: hay avances.
La mala: todavía son insuficientes.
¿El problema es preparación o prejuicio?
«Con el pasar del tiempo es claro que hay paradigmas y creencias que han restringido el ingreso de las mujeres en este sector. Las barreras más significativas son el machismo y la corporalidad que juegan un papel importante en la construcción de las diferencias. La piel o la voz, son rasgos observables, que se asocian a cualidades de pasividad generando diferencias y juicios sobre el rol de liderazgo en la mujer». comenta Lady Carazas, Analista Senior de RR.HH. en la mina La Inmaculada.
Y no se trata solo de estereotipos. Se sigue esperando que las mujeres concilien su trabajo con todas las tareas del hogar. ¿Los hombres? No tanto.
Las empresas que realmente quieren hacer algo deben empezar por aquí:
En La Inmaculada, por ejemplo, ya están en acción:
¿Los resultados? Aumenta la participación femenina, pero aún estamos lejos del ideal. Países como Canadá, Brasil o México nos sacan ventaja.
Todo. Desde garantizar procesos sin sesgos, hasta diseñar políticas que permitan que una mujer se proyecte más allá del corto plazo. Porque el objetivo no es solo que entren, sino que se queden, crezcan y lideren.
“Más que discutir, necesitamos dialogar y accionar”, dice Lady. Y tiene razón.
Hoy, Recursos Humanos tiene en sus manos una oportunidad enorme: hacer que la minería deje de ser un espacio difícil de habitar para la mitad del talento disponible.
En Mandü creemos que eso se logra con datos, con intención y con tecnología que tenga propósito.
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